Días mágicos en Boca de Uchire

Boca de Uchire no tiene playas memorables, pues salvo algunos días del verano en las que el mar se pone como un plato color turquesa, las aguas son de Toddy. Sin embargo, es uno de esos destinos en los que la magia siempre estuvo presente: la primera vez que me dejaron ir un fin de semana con mi mejor amigo del cole y su familia fue, es y siempre será inolvidable, porque juntos vimos estrellas fugaces, hablamos de lo que queríamos ser cuando fuéramos grandes y criticamos a las monjas seglares de nuestro colegio.

Esta casa de playa, es un ícono de sana diversión donde las carcajadas estaban y sé que siempre estarán garantizadas. Los cumpleaños celebrados allí, sin lugar a dudas, son inolvidables y mucho más desde que mi mejor amigo, Mauricio (mi topo), se convirtió en una estrella fugaz grandotota y hermosa que alumbra el cielo.

Desde septiembre del año pasado no logro conseguir las palabras adecuadas para expresar la falta que me hace Mauricio, no hay un día que no lo piense, no hay un día que no lo recuerde,  no hay un día que no piense en sus locuras, en su risa, en sus chistes malos, en sus abrazos gigantes y en todos los viajes que íbamos a hacer cuando reuniéramos la plata. Queríamos ir a New York, siempre hablábamos de ir juntos a Barcelona para ver jugar al Barca y últimamente nos había dado por querer ir a Bélgica.

Puede que no hayamos podido ir a ninguno de estos sitios, pero fuimos muchas veces a Boca de Uchire e hicimos de él un lugar espectacularmente mágico por el simple hecho de compartir, de bromear, de beber, de comer, de jugar y de hablar. Cada vez fuimos más y más, y en Boca, como le decíamos él y yo jurando que hablábamos de Boca Ratón, tumbamos gobiernos, nacieron amores urbanos, nos convertimos en princesas y príncipes de cuentos de hadas, filosofamos, escuchamos el llamado de la naturaleza, vimos las estrellas y hasta llegamos a tener nuestro propio SpiderMan.

Por todos estos momentos y todos los que no comento, pero que recuerdo como si fueran ayer, es que aseguro que Boca de Uchire no tiene nada que envidiarle a las mejores ciudades del mundo, porque prefiero mil veces saber que en mi memoria están los mejores recuerdos habidos y por haber. Sé, además, que todos los que compartimos en esas escapadas Boca piensan lo mismo que yo.

La historia fue larga, pero no suficiente

Cuando llegué al colegio y vi al chamo que sobresalía a lo lejos pensé: qué pana tan alto, no puede estar en séptimo grado. Pero resulta que además de estar en séptimo grado, estaba en mi sección y se sentaba en el pupitre detrás de mí. Hablarle fue suficiente para saber que era más bueno que el pan, que era un bebé grandotote que hablaba inglés y usaba chaquetas de NFL que por supuesto me prestaba todos los días cuando me daba frío. Una de esas chaqueta, su favorita, la conservo como una reliquia. Al igual que su primera camisa del F.C.Barcelona, su equipo preferido.

Fueron 5 años haciendo tareas juntos, contándonos muchas cosas, peleando y correteando por el colegio. Durante mis 5 años de universidad también estuvo siempre presente, pero ya no hacíamos tareas, rumbeábamos e íbamos a un lugar llamado NagaSaki a ver juegos de fútbol y beber con panas. Me gradué y ese día, él estuvo allí, usando mi medalla y emborrachándose conmigo. Qué cómico Mauricio bailando merenguito y burlándose de mis tacones y de mi pinta de ese día. Pasaron los años, y siempre estaba allí, a pesar de lo malo mi topo siempre estuvo allí.

La vida decidió arrancarte de nuestro lado repentinamente y aunque no es fácil aceptarlo, me aferro a las vivencias que enmarcaron nuestra amistad para recordarte feliz, sonriente, cariñoso, sincero, cuchi y pare usted de contar, porque con Mau los adjetivos calificativos positivos se quedan cortos.

Gracias Mau por formar parte de los mejores y más bellos recuerdos de mi vida, muchos de los consejos que me diste en los últimos tiempos fueron puestos en práctica y ¿adivina qué? ¡tenías razón¡

Te amo mi topo, nos volveremos a ver.

“¡Los tulipanes me recuerdan a ti!”

 

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