Viajar y comer son sinónimos

Cuando se asume el reto de ir a un nuevo destino, tácitamente se asume también el de permitir que el paladar goce al probar sabores y texturas que permitan intimar deliciosamente con la cultura del lugar.

No teman si lo que comen en el sitio que están descubriendo es algo diferente o si va en contra de los principios de cada quien, atreverse a comer sin miedos, sin reservas y sin límites mientras se está de viaje es una de las mejores maneras de experimentar de cerquita la idiosincrasia del nuevo país, ciudad, o pueblo. ¡Qué sabroso es sentarse en una mesa y pedir el plato típico de la región! Eso sí, sin saber qué es. Las preguntas sobre los ingredientes y los detalles de la preparación serán bienvenidas una vez se tiene el plato en frente.

No temas al pedir una Bandeja Paisa en Colombia, o una Paella o Cochinillo en España, o todos los cortes de carne posibles en Brasil, o lo que te de la gana en USA, o un dulce de nata en Portugal. La regla aplica también para las bebidas alcohólicas y gaseosas. No se puede uno despedir de un destino sin tener conciencia del sabor del refresco y de la cerveza/licor local, sería un pecado. Para los curiosos como yo es también norma preguntar cuál es la chuchería más famosa y comprarla a ver si me pasa como con los Risketos españoles y sufro de enamoramiento eterno.

Los kilos de más adquiridos en viajes no pesan, son simplemente background cultural gastronómico

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